Vengono dai confini del mondo

effettivamente

le parole che schioccano sulla faccia

della gente convocata

ad ascoltare

un habemus che tutti credono

convenzionale

e come schegge incontrollate

invadono le case,

rimbalzano sui teleschermi,

sommergono le redazioni dei giornali:

scuotono abitudini,

calcoli, equilibri, pregiudizi,

scrollano gli alberi degli accomodamenti,

delle false coscienze,

delle pretese interessate.

En la guerra civil de El Salvador fueron asesinados un sinfín de inocentes como monseñor Romero

http://elpais.com/elpais/2015/05/19/opinion/1432061708_972618.html

 

JOAQUÍN VILLALOBOS 23 MAY 2015 – 00:00 CEST

 

El coronel, jefe del destacamento, ordenó a su tropa tomar la pequeña iglesia del poblado y traerle a su despacho la imagen de San Antonio. Los soldados cumplieron la misión, llevaron la imagen al puesto de mando y esta permaneció secuestrada en el cuartel. El coronel acusaba a San Antonio de colaborar con la guerrilla, estaba convencido que este santo prevenía a los insurgentes de los operativos militares que lanzaban sus tropas. Se desconoce si el coronel intentó torturar la imagen para obtener información o exigirle algún milagro, pero la historia es totalmente verídica. Ocurrió en el departamento de Morazán durante la guerra civil de El Salvador en los años 80.

Una de las lecciones en el combate policial o militar contra insurgentes, terroristas o delincuentes es la capacidad de discriminar. Es fundamental saber distinguir las distintas formas de involucrarse o no involucrarse de quienes viven o están presentes en un territorio dominado o influenciado por actividades ilegales. Pueden encontrarse en ese lugar enemigos armados, enemigos no armados, opositores políticos civiles, activistas sociales, periodistas, defensores de los derechos humanos, población que colabora por conciencia y población que se somete por miedo. El error más común de quienes representan la autoridad es convertir en enemigos a grupos, sectores sociales, razas, religiones o simplemente pobladores sin hacer ningún tipo de distinción. Es común la expresión: “en ese lugar todos son: terroristas, guerrilleros, pandilleros, narcos, etcétera”; y esto igual aparece ahora en Irak que en las calles de Baltimore o en poblados de México. El problema es que la incapacidad para discriminar puede convertir una pequeña llama en un gran incendio.

La guerra civil de El Salvador es un caso clásico de conflicto provocado por un poder oligárquico autoritario. En este país, el anticomunismo adquirió características de enfermedad mental. A partir de noviembre de 1979, más de 600 personas eran asesinadas mensualmente; los escuadrones de la muerte, policías o militares decapitaban y descuartizaban. Los pronósticos de una segura victoria de Ronald Reagan en las elecciones estadounidenses de 1980 fueron interpretados como una licencia para el exterminio y, en ese contexto, la esquizofrenia paranoide los hizo ver a un obispo conservador que estaba denunciando la matanza como un guerrillero comunista. Le pegaron un tiro en plena misa y convirtieron al asesino material en su líder político.

En El Salvador fueron asesinados 18 sacerdotes, cinco monjas, centenares de catequistas y miles de campesinos que vivían en lugares considerados bajo influencia de “religiosos comunistas”. Iglesias, casas parroquiales, colegios de niños y niñas, universidades, imprentas y emisoras católicas sufrieron ataques terroristas por parte del régimen. La universidad de los jesuitas sufrió 20 atentados con bombas. Periodistas extranjeros, militares y empresarios que rechazaban la represión, activistas de derechos humanos, funcionarios de Naciones Unidas, congresistas norteamericanos y hasta el propio James Carter, presidente de los Estados Unidos, fueron considerados “comunistas”.

La incapacidad para discriminar puede convertir una pequeña llama en un gran incendio

Con un ritornello intonato alla “sensibilità ecclesiale” Francesco ha modulato il suo Discorso introduttivo all’apertura dei lavori dell’Assemblea dei Vescovi Italiani, due giorni fa (18 Maggio), che ha messo a soggetto L’Evangelii Gaudium. Il Papa invita i vescovi ad affidare il loro impegno alle suggestioni di una plurale intelligenza “sensibile” invece che a teorie dottrinali astratte.

La rivoluzione copernicana di Francesco si realizza ancora sul piano del linguaggio: mentre fino a ieri il linguaggio ecclesiastico era specialmente dogmatico, morale o giuridico, oggi si rivela affettivo, esistenziale, psicologico, ma anche squisitamente spirituale e mistico.  La “sensibilità” abbraccia, infatti, un campo che va dall’esperienza dei cinque sensi, a quella delle relazioni governate da un “cuore pensante” e dalla conoscenza che ne deriva, fino a scendere (o salire) nelle cavità dell’anima e dello spirito.

Nella storia della Chiesa cattolica figure esemplari di “sensibilità ecclesiale” sono stati, e continuano ad essere, i santi, missionari e mistici, noti e sconosciuti, uomini e soprattutto donne, vergini o madri, povere o ricche, colte o senza titoli accademici, che hanno dato e continuano a dare, senza soluzione di continuità, saggi di amore, servizio e bontà verso l’intera comunità umana, a partire dagli ultimi.

Se dice en Roma, y en medio mundo, que el Papa Francisco está soportando un fuerte enfrentamiento, que, según fuentes autorizadas, tiene sus raíces y sus protagonistas en la misma ciudad, en el mismo Estado, donde el Papa vive y desde el que  Francisco gobierna a la Iglesia universal. Por supuesto, es comprensible que en la Iglesia universal haya personas o grupos que no están de acuerdo con la forma de ser y gobernar de este Papa. Como es también comprensible que haya quienes no están de acuerdo con algunas de las cosas que dice Francisco o que no le agrade a todo el mundo cómo este Papa dice algunas de las cosas que dice. Este tipo de desacuerdos ha sido siempre frecuente en la Iglesia. Y no tendría por qué llamarnos la atención. Y menos aún debería preocuparnos el desacuerdo de quienes no se identifican con el modo de ser o de hablar del actual sucesor de Pedro en la Iglesia.

Lo que sucede, en este momento, es que no se trata de que hay personas o grupos que no están de acuerdo con el Papa. El problema está en que se trata de personas o grupos que atacan al Papa. No es lo mismo el “desacuerdo” que el “ataque”. El desacuerdo se basa en la “diferencia”, lo que es inevitable y, en muchos casos, enteramente lógico. El ataque, sin embargo, no se limita a expresar la diferencia. Porque el que ataca a otro, lo que en realidad pretende es que el otro cambie. Y si no cambia, que se quite de enmedio, o sea, que se vaya a otra parte. Estamos, por tanto, ante una situación seria, muy seria. Yo me atrevería a decir que la Iglesia (no sólo el Papa) se enfrenta a un problema de raíces muy hondas. Y de imprevisibles consecuencias.